
Anteriores al siglo X, J. Oliver Asin, menciona las rábidas que se encuentran en la provincia de Lleida y cerca de Albarracín y, posteriormente una Rábida en Salamanca . Y ya en el siglo X, una en Toledo y otra en Talavera. Otras rábidas son las del Rebat, barrio de la localidad de Abrera (Baix Llobregat) , La Ràpita (Alt Penedès). Más al sur están la Ràpita cercana a Reus y la de Almoster; así como la de Vallfogona de Balaguer (Lleida), la Ràpita de San Carles de la Ràpita (Tarragona). Más al sur la Ràpita de Moncofa (Valencia), así como las existentes en la propia ciudad de Valencia, especialmente la de la torre situada a la desembocadura del Turia. Al lado de Gandía está la rábida de Bairén; encontramos otra en Denia. Y menciones en Elche, Xàtiva, Benissa (Alicante). Mención aparte , por su conservación y los datos que aportó, merece la pena señalar la encontrada en las dunas del Guardamar, cerca de la desembocadura del Segura.
La ràpita consistía básicamente en un recinto fortificado donde los “morabitos” tenían su residencia para luchar por la guerra santa, vigilar determinada zona fronteriza y, al mismo tiempo, practicar la mediatación, la enseñanza religiosa y el fortalecimiento espiritual ( que es lo que precisamente quiere significar el término “ribat”).
Su función no era militar, sólo servía para la autodefensa, y por tanto no pertenecía a una línea de fortificaciones. Aunque solí estar situada en un lugar peligroso. “El que moria en la guerra santa iba al cielo, pues bien, el que moría a la Ràpita, también”.
Era una institución financiada por un particular.
Desde el punto de vista formal el edificio solía presentar una planta cuadrada o rectangular de dimensiones variables. Poseía muros altos y gruesos que le daban un carácter de fortificación. Estaba cerrado herméticamente hacia su interior, donde existía un patio central a cuyo rededor se distribuían una serie de estancias y salas en dos pisos. Una de estas habitaciones era una mezquita que tenía una pequeño minarete.
La Ràpita del Penedès.- Las incursiones árabes en tierras catalanas comienzan a finales del año 712, conquistando Barcelona hacia 717-718.
P.Guichard sitúa pronto en la comarca del Penedès un área de poblamiento bereber, procedentes del norte de África, entre los siglos VIII y X, que habría dejado topónimos como Madyuna (Mediona), Labid (Lavit) y Yellidasen (Gelida), entre otros.
La presencia de una rábida en la comarca, según Mikel de Epalza, ha de ir acompañada si en una comarca había una ràpita, centro religioso, también habría una ciudad capital, madina, una red viaria, un alfás(alfoz) o campo extensivo dependiente de la ciudad, una almúnia o residencia campestre del gobernador, etc; todo como un modelo operativo de ocupación islámica de los espacios urbanos, periurbanos e interurbanos. La Ràpita del Penedès estaría situada cerca de la llamada “pared de Santa Tecla”, cerca del pueblo del actual nombre (La Ràpita), ya que allí había existido una villa romana, de la cual aprovecharía algunos restos constructivos.En apoyo de ello se ha de decir que estaría situada cerca de caminos y coincidiendo con la idea de monasterio o ermita fortificada. Otros la sitúan en la zona de “Cal Pepito Paret” y parte del Carrer Llarg, por el hecho de que está situado en el cruce de caminos romanos y por coincidir con el lugar que se menciona como La R`sapita en el siglo XVIII. Sin embargo se ha de tener en cuenta que una ràpìta necesitaba unas condiciones básicas para su fundación:- Abundancia de agua corriente, necesaria para las abluciones rituales y de los visitantes.- Riqueza económica de la zona.- Reducido valor estratégico.- Situación fronteriza dentro del Islam.- Disponer de un recinto mínimamente fortificado.- Una atalaya o lugar natural de observación.(Joan Torrents i Sivill: La Ràpita : un resto de presencia islàmica. LA FURA nº 918, 7/13 abril 2000)
Mismo artículo en ”Antistiana·” nº 8, novembre 1989, La Ràpita (Alt Penedès).Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/